La Parroquia Cristo Rey también hace misión pastoral con la construcción de espacios deportivos

El Hogar Nuestra Señora del Milagro, es una casa de tres pisos atendido por un grupo de religiosas que, de manera misericordiosa, acogen y protegen a, más o menos, 20 niñas y adolescentes que han experimentado el flagelo de la violencia u otras adversidades. Se encuentra ubicado en el barrio Juan Rey de la Localidad San Cristóbal, al sur de Bogotá.
El hogar logra ser sostenible gracias al constante esfuerzo que realizan las religiosas. Estas siervas de Dios cocinan sus propios alimentos, velan por la seguridad de la casa y de las niñas, crían y administran gallinas ponedoras para la venta de huevos, enseñan a las pequeñas sobre valores, religión y otros asuntos como reciclaje y manualidades.
Su ejemplo y gallardía se convierten en el mayor referente de formación que las niñas tienen en su etapa de crecimiento, además de la enseñanza que adquieren en los centros educativos que se encuentran alrededor.

En medio de la labor de las Hermanas, los benefactores que se suman a este proyecto social con ayudas, son una parte crucial para asegurar su funcionamiento. La Parroquia Cristo Rey, junto con su comunidad, desde hace algunos años ha hecho parte de ese grupo selecto de instituciones que ve con empatía esta forma de apoyar a la niñez y juventud de la Capital.
Regularmente les envía mercados. En algunos casos, ropa. En otras oportunidades recursos económicos, así como también regalos para algunas fechas infantiles especiales, como el día del niño o la navidad. De esta manera, Cristo Rey ha sido testigo del impacto positivo en el desarrollo de las niñas y es consciente de las necesidades básicas que aún faltan por subsanar.
En algunas de las visitas que el párroco Rafael De Brigard Merchán hizo a este hogar, notó que las niñas carecían de un espacio de entretenimiento donde pudieran disfrutar y compartir, así que les propuso a las religiosas construir un polideportivo en la parte trasera del hogar, compuesto por cancha de microfútbol, voleibol y basquetbol. Las hermanas no pudieron ocultar su entusiasmo ante esta propuesta. Aceptaron el ofrecimiento y el proyecto se puso en marcha.

La obra estuvo a cargo del ingeniero Alejandro Castilla. Tuvo una duración de un mes y medio. El costo fue de aproximadamente 75 millones de pesos. Dentro de las dificultades del proyecto, la condición climatológica del sector fue el mayor desafío, al haber ocurrido una constante ola de lluvia durante todas las etapas del proceso. A pesar de los contratiempos presentados, la construcción pudo concluirse.

Llegado el día de la entrega e inauguración del campo deportivo, las Hermanas y las niñas adornaron y vistieron el hogar de fiesta. Antes de cualquier cosa, se enmarcó ese momento bajo la gracia divina del Señor, a través de la Santa Misa.

La Eucaristía estuvo presidida por el padre Rafael De Brigard y concelebrada por el sacerdote Edwin Vega, de la Parroquia Santa Catalina Labouré del barrio Los Libertadores en el sur de Bogotá. Concluido el momento de oración, se procedió a cortar la cinta que representaba la inauguración del polideportivo; acto seguido, las niñas de la Casa Juan Rey representaron, por medio de una obra de teatro, la necesidad e importancia de tener a Dios en el corazón de cada persona.
Finalmente, algunos de los familiares de las pequeñas y servidoras que apoyan la labor de las Religiosas, prepararon un delicioso almuerzo como muestra de agradecimiento para quienes hicieron posible el momento que estaba aconteciendo. Con esto último se bendijo a los presentes y se dio por terminada la ceremonia de apertura.

Esta Parroquia, como lo ha demostrado a través del apoyo a obras sociales, vela por la protección, educación y progreso de la infancia del país. Esta seguirá siendo una variante por la cual se canalizarán muchas de las ayudas que se les otorgará a los más necesitados.
“Mirad que no despreciéis a uno de estos pequeñitos, porque os digo que sus ángeles en los cielos contemplan siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos.”
Mateo 18:10

